Nuestro reto: por una Iberoamérica rural sin armarios y sin homotransfobia

¿Quiénes somos? ¿Dónde nacemos? ¿A dónde vamos? ¿Para qué hemos venido al mundo? ¿Cuál es nuestra misión y visión? Todas estas preguntas constituyen verdaderos quebraderos de cabeza para la mente humana: a lo largo de generaciones y generaciones hemos intentado buscar respuestas que a la vez generan nuevos interrogantes. Tal como diría Hamlet “ser o no ser, he ahí la cuestión”. ¿Hemos de sufrir insultos de Fortuna, golpes y dardos o por el contrario levantarnos en armas y oponernos hasta el cese de las posibles hostigaciones que sufrimos como personas?

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El día 28 de junio se celebra el día del “Orgullo Gay”, en recuerdo a los disturbios de Stonewall que tuvieron lugar en el distrito neoyorquino de Greenwich Village, en Estados Unidos, con un motivo claro: la defensa de los derechos de la diversa comunidad de lesbianas, gays, bisexuales, transexuales, intersexuales y queer así como la repulsa de cualquier tipo de discriminación o de violencia física, psíquica o verbal, tanto a nivel individual como a nivel social. Reconociendo que actualmente el movimiento global se denomina LGBIQ+ podríamos recuperar el espíritu del concepto provenzal “gai” vinculado al “gaudium” latino: frente a la denominación “homosexual” del siglo XIX (como sinónimo de desviación) gay evoca “alegría” y compromiso. Pero… dejemos claros una serie de términos…

Dejando los conceptos claros

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-Heterosexismo: presunción social de que todas las personas son heterosexuales, no se tiene por tanto en cuenta la diversidad sexual existente en la sociedad.

-Diversidad familiar: las estructuras familiares tienen una composición diversa: todas y cada una de ellas enriquecen nuestras sociedades iberoamericanas.

-Homofobia, lesbofobia y transfobia: acoso que sufren las personas que no comparten las normas establecidas socialmente de género, que no se sienten identificados/as con los roles de género asignados al nacer o que sienten deseo (afectivo sexual amoroso) por personas de su mismo sexo.

-Manifestaciones homofóbicas concretas: creencias negativas, rechazo social, comportamiento de odio y violencia, expresiones de violencia física-psicológica, acoso escolar o laboral, chantajes…

-Plumofobia: intolerancia individual y social contra las expresiones de género no normativas.

-Endohomofobia: presencia de la homofobia social dentro del propio colectivo, generando ciertos mecanismos de opresión y de “corrección”: “masculino”, “afeminado”, plumofobia…

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Sin duda alguna, en los territorios de Iberoamérica la homotransfobia está presente: dependiendo la región y el territorio el grado de aceptación del colectivo gay varía aunque siempre se manifiesta de dos maneras: desde el plano jurídico-político-administrativo y desde el plano social. El lugar de nacimiento así como el lugar de residencia (urbano-rural) marca el proceso de construcción de la identidad así como del proceso de empoderamiento comunitario. Asumiendo como principios filosóficos y humanísticos el bienestar y la dignidad humana, los esfuerzos de las comunidades humanas deben perseguir la corrección y el fin de las posibles desigualdades y la violencia que sufre el colectivo gay en Iberoamérica, especialmente en el mundo rural. Y… ¿Especialmente en el rural? ¿Por qué?

Lo urbano como “paraíso”, lo rural como “vacío”

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Diversas investigaciones científicas realizadas defienden que las grandes concentraciones urbanas constituyen espacios sociales de descubrimiento de la propia sexualidad así como de la identidad social y porque no decirlo, de la identidad política. En la ciudad un “agrogay” se diluye en una masa amplia, sin esencia y que genera actividad siguiendo inercias consumistas y capitalistas: si dispones de capital y te adaptas a determinados cánones, ¡Bienvenido/a! (Ese reconocimiento no es definitivo, sino que se mantiene mientras que se alarga el proceso de consumo específico: los cánones estéticos, culturales… también determinan ese proceso de “aceptación”). Frente a este modelo se opone un modelo “vacío” represivo derivado de la trayectoria y la evolución de cada sistema sociotécnico rural (sociedades agrarias, atrasadas, pretécnicas etc.) que poco a poco han ido evolucionando (los cambios en el agro se producen, pero más lentos). Tal como defienden Alexis Annes y Meredith Redlin en “saliendo y volviendo: la migración gay y la ciudad” (2012) pasar de ser un ciudadano agrogay a ser un ciudadano gay urbano y moderno se establece como una opción para lograr el despertar sociopolítico aunque advierte de que “la presión ejercida por la escena gay a raíz de una identidad gay hegemónica desafía la atracción de estos (hombres) gays por el espacio urbano, la experiencia se vuelve liberadora así como disciplinaria. Es liberadora porque permite la exploración de los deseos y atracciones del mismo sexo. Es disciplinaria porque genera una identidad gay que las personas rurales deben aceptar y en la que no se reconocen”.

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A esta realidad podríamos incorporar un nivel paralelo de análisis social, la “lucha de clases” o la presencia de los niveles socioeconómicos: no es lo mismo pertenecer a una clase social baja que a la alta burguesía urbana, de la misma manera que no es lo mismo trabajar la tierra que formar parte de la gestión y administración del Estado. Debido a este doble análisis social y territorial, diversas personas se denominan “maricas rurales” en contraposición al “gay urbano, normalizado y que disfruta de comodidades” reservadas a una clase media y media-alta proveniente de sectores económicos, políticos o culturales. Frente la abundancia de unas pocas personas se encontraría la precarización que genera invisibilización social en el discurso del movimiento. “Marica” puede ser utilizado como insulto (la Real Academia Española recogió en 1734 el término como hombre socialmente afeminado, con poco brío, con tendencia a la supeditación y manipulación por parte de personas superiores) pero también como arma de defensa social frente a la homotransfobia y la imposición de identidades concretas capitalistas “si la pluma les molesta, clávasela”. A la lucha estrictamente “gay” debe unirse el activismo por lograr la dignificación del mundo rural: solo así se podrá lograr el logro de nuevas dinámicas que contrarresten el abandono político del agro.

¡Bienvenidos al gaypitalismo (rural)! (la marca gay como negocio capitalista) y la necesidad de una ética marica

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Si algo ha dejado patente el capitalismo globalizado es su increíble capacidad de adaptación a las realidades sociales y a las oportunidades de negocio. A través del lavado rosa (“pink washing”) el capitalismo “rellena las necesidades que nos crea tratándonos como consumidoras”. A través de “productos y publicidad dirigidas a las personas LGTBI el capitalismo impone su ideología, basada en el consumismo voraz, el individualismo, el machismo, la plumofobia, la transfobia, el capacitismo, el racismo y la falta de crítica hacia el sistema social”. Resumiendo: “el capitalismo convierte en un producto todos los aspectos del mundo gay” (Orgullo Crítico de Madrid, 2021).

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Shangay Lily, “artivista libertario”, falleció en España en 2016 dejándonos como legado “Adiós Chueca. Memorias del gaypitalismo: la creación de la marca gay”. En esta obra reflexiona acerca de cómo el capitalismo ha llegado a penetrar a los territorios de Iberoamérica (rurales y urbanos) debilitando la capacidad de presión y lucha del colectivo. Un buen ejemplo de ello sería la marca Chueca de Madrid donde se ofrecen múltiples servicios para la identidad “gay” que participa en las dinámicas capitalistas (bares, discotecas, hoteles, revistas etc.) borrando la posible huella de las personas precarias y proletarias. La solución alternativa sería:

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“Nuestra comunidad, al igual que la izquierda, requiere una dosis urgente de autocrítica; que hay que denunciar asimilismo que ha desactivado tanto a los gays como a la izquierda, permitiendo la colonización y secuestro de nuestros avances por la derecha para legitimar su opresión y saqueo (…) creo más que nunca en el papel central que lo utópico debe desempeñar en la salvación de la izquierda de la comunidad en conjunto, no de unos pocos privilegiados. La única salida es por la izquierda, por lo utópico, cambiando el modelo. Porque siempre debimos ser una alternativa, no un cartucho de repuesto”

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Paco Vidarte (2007) poco antes de su fallecimiento nos dejó otro legado a proteger “Ética marica”. En esta obra reflexiona acerca de la necesidad de generar dinámicas (locales y específicas) para lograr un bienestar integral de la comunidad, denunciando las posibles situaciones de opresión y generando alternativas. En términos textuales: “la marica (rural) como sujeto político”.

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“Rompe con lo establecido. Otra política es posible. Otros colectivos. Otros dirigentes. Otra manifestación. Otro Orgullo. Aunque ahora parezcan impensables. Nada es para siempre. Yo creo en lo marica, en la irrupción de lo nuevo y lo inesperado, en que pase algo que nadie había pensado antes, en que nazcan nuevas propuestas éticas, políticas, teóricas, filosóficas (…) que rompan con el paradigma monolítico de la negociación y el posibilismo como única forma de relacionarse con el poder, entregándose a él, ya que es él quien dicta lo que para la comunidad es posible y cuándo. Yo creo en esta consigna: ¡crea, crea, crea, muta, muta, muta, maricón! (…) Hay que estar atento a la inercia de las masas, y las maricas en este país nos hemos convertido en masa inerte y desmotivada”

¡Bienvenidos al gaypitalismo (rural)! (la marca gay como negocio capitalista) y la necesidad de una ética marica

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Si algo ha dejado patente el capitalismo globalizado es su increíble capacidad de adaptación a las realidades sociales y a las oportunidades de negocio. A través del lavado rosa (“pink washing”) el capitalismo “rellena las necesidades que nos crea tratándonos como consumidoras”. A través de “productos y publicidad dirigidas a las personas LGTBI el capitalismo impone su ideología, basada en el consumismo voraz, el individualismo, el machismo, la plumofobia, la transfobia, el capacitismo, el racismo y la falta de crítica hacia el sistema social”. Resumiendo: “el capitalismo convierte en un producto todos los aspectos del mundo gay” (Orgullo Crítico de Madrid, 2021).

Shangay Lily, “artivista libertario”, falleció en España en el año 2016 dejándonos como legado la obra “Adiós Chueca. Memorias del gaypitalismo: la creación de la marca gay”. En esta obra reflexiona acerca de cómo el capitalismo ha llegado a penetrar a los territorios de Iberoamérica (rurales y urbanos) debilitando la capacidad de presión y lucha del colectivo. Un buen ejemplo de ello sería la marca Chueca de Madrid donde se ofrecen múltiples servicios para la identidad “gay” que participa en las dinámicas capitalistas (bares, discotecas, hoteles, revistas etc.) borrando la posible huella de las personas precarias y proletarias. La solución alternativa sería:

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“Nuestra comunidad, al igual que la izquierda, requiere una dosis urgente de autocrítica; que hay que denunciar asimilismo que ha desactivado tanto a los gays como a la izquierda, permitiendo la colonización y secuestro de nuestros avances por la derecha para legitimar su opresión y saqueo (…) creo más que nunca en el papel central que lo utópico debe desempeñar en la salvación de la izquierda de la comunidad en conjunto, no de unos pocos privilegiados. La única salida es por la izquierda, por lo utópico, cambiando el modelo. Porque siempre debimos ser una alternativa, no un cartucho de repuesto”

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Paco Vidarte (2007) poco antes de su fallecimiento nos dejó otro legado a proteger “Ética marica”. En esta obra reflexiona acerca de la necesidad de generar dinámicas (locales y específicas) para lograr un bienestar integral de la comunidad, denunciando las posibles situaciones de opresión y generando alternativas. En términos textuales: “la marica (rural) como sujeto político”.

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“Rompe con lo establecido. Otra política es posible. Otros colectivos. Otros dirigentes. Otra manifestación. Otro Orgullo. Aunque ahora parezcan impensables. Nada es para siempre. Yo creo en lo marica, en la irrupción de lo nuevo y lo inesperado, en que pase algo que nadie había pensado antes, en que nazcan nuevas propuestas éticas, políticas, teóricas, filosóficas (…) que rompan con el paradigma monolítico de la negociación y el posibilismo como única forma de relacionarse con el poder, entregándose a él, ya que es él quien dicta lo que para la comunidad es posible y cuándo. Yo creo en esta consigna: ¡crea, crea, crea, muta, muta, muta, maricón! (…) Hay que estar atento a la inercia de las masas, y las maricas en este país nos hemos convertido en masa inerte y desmotivada”

¿Podemos aspirar a una alianza social para combatir la homofobia? ¿Cuál es del papel de la educación?

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El Organismo Internacional de Juventud para Iberoamérica OIJ (en el año 2019) reconoció que “incluso con importantes avances legislativos en materia de derechos (individuales y sociales), respaldados por marcos internacionales e impulsados por las diversas movilizaciones sociales en contra de los crímenes por homofobia o transfobia, la región iberoamericana presenta un diagnóstico crudo de violencias contra las personas LGTBIQ+”. Los esfuerzos sociales comunitarios deben perseguir proveer entornos seguros de apoyo y empoderamiento para las personas LGBTIQ+ así como sus “aliados” (satisfaciendo todas las necesidades de cada subcolectivo, rango de edad, clase social…) Tomando el ejemplo de las comunidades GSA (Gay Straight Alliance, impulsadas en la Academia Concord Massachusetts, 1988) y la experiencia social cooperativa de cada uno de los entornos iberoamericanos se deben potenciar espacios seguros de cooperación que puedan contrarrestar y combatir la homofobia estructural y social. La educación social constituye un pilar esencial para la sensibilización en materia de diversidad afectiva y sexual, individual y social: a lo largo de toda la vida y con todos los sectores de la población, independientemente de su origen, condición económica… A través de los docentes se podrán co-construir ciudadanos/as capaces de combatir situaciones de violencia y opresión por cuestiones de orientación afectiva-sexual, económica …

Orgullosamente “gays”, orgullosamente rurales, asumiendo valores cooperativos

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Las personas “alegres y combativas” tienen derecho a ser y estar, a vivir y a convivir en paz en Iberoamérica. En el mundo urbano y en el rural. La crisis de la Covid-19 nos ha replanteado un nuevo modo de convivencia. El colectivo “agrogay” debe llenar de color y de inclusión el mundo rural, apostando por la vida sostenible, agroecológica, comunitaria. Solo de esa forma se podrá vencer a la homofobia social y estructural, por ello deben constituirse dinámicas cooperativas de apoyo, generadoras de economía social, reivindicativas (en relación a la dignidad rural y “gay”).

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Junto a la violencia machista, la violencia LGBTIQ+fóbica debe ser consideradas pandemias a erradicar. Con orgullo, compromiso honesto y acciones locales podremos co-construir un mundo más justo, solidario y menos violento. Piensa global, actúa local (y rural).

Conclusión

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Se requiere realizar un análisis crítico de tendencias capitalistas del movimiento LGTBI en la Iberoamérica rural y urbana, haciendo hincapié en sus efectos socioeconómicos, culturales y políticos (concretamente en las personas más vulnerables). Es hora de la verdadera concienciación social y de promover un activismo sin ataduras, tejiendo redes sociales de apoyo que garanticen la protección personal y la participación pública. Los/as docentes constituyen un pilar fundamental en el proceso de concientización, logrando constituir identidades inclusivas, críticas y generadoras de espacios de apoyo a las personas afectadas y sensibilizadas con la problemática LGTIQ+, creando comunidad desde la diversidad individual y social.

Autores: Raúl Carbajal López y Cipriano Barrio Alonso.

Departamento de Filosofía de la Universidad de Oviedo, Grupo CTS-Oviedo.

Artículo elaborado para Formación IB

http://formacionib.org/noticias/?Nuestro-reto-por-una-Iberoamerica-rural-sin-armarios-y-sin-homotransfobia