La cooperación y la educación como herramientas sociales de dignificación rural (y urbana) en Iberoamérica

Orgullosos/as de nuestra historia social

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Debemos sentirnos muy orgullosos y orgullosas de la historia social de Iberoamérica, a través de la cooperación social los sectores de la Iberoamérica humilde y vulnerable ha sabido salir adelante en tiempos de “crisis” social, económica, política y porque no decirlo, de crisis filosófica y social. Reflexionar acerca de lo que fuimos nos permite entender lo que somos, y de esa forma, solamente de esa manera, podremos replantearnos de qué manera nos organizamos, cómo nos comportamos y a quién no estamos cuidando o protegiendo.

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Cuidar y proteger constituyen dos verbos muy humanos, que por otra parte emanan de nuestra esencia animal y natural. Somos animales sociales, políticos y ciertamente con una perspectiva actual tecnológicamente evolucionados, en líneas generales. Y es justamente ahí donde muchas veces olvidamos a las personas que no se encuentran en las tan repetidas “líneas generales”. Las personas olvidadas, las personas vulnerables y las personas menos desarrolladas parecen estar en el limbo de los grandes discursos de desarrollo social y económico de nuestro sistema económico: el capitalismo de mercado globalizado. Los indicadores económicos enmascaran la realidad en relación a los ingresos medios de los ciudadanos iberoamericanos, no solo hay que centrarse en la mera economía y el desarrollo de la misma: las necesidades humanas que integran la identidad de las personas deben ser cubiertas satisfactoriamente. Defender la dignidad humana constituye una postura filosófica y política muy coherente con el desarrollo social de la comunidad y de sus integrantes, pero… ¿Qué pasa en la realidad?

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Efectivamente, vivimos en un mundo en el que existe múltiples “males estructurales” y sociales que denominaría el Catolicismo Social (agrario), o “muchas cadenas que deben ser rotas” desde el movimiento socialista o de índole marxista. Cada vez más, hay un porcentaje menor de personas que viven en la máxima opulencia, mientras que un porcentaje mayor de personas que sobreviven a situaciones de vulnerabilidad: desempleo, falta de oportunidades de progreso social, hambre, falta de vivienda, enfermedades etc. ¿Conflictos de clases o desigualdades sociales reproducidas?

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Lo que es más que evidente es que toda Iberoamérica debe iniciar un proceso urgente de reflexión en relación a la dignificación de la ciudadanía rural y urbana más vulnerable. De igual manera que una parte de los campesinos españoles lucharon tras la dictadura franquista para salir adelante, nuestros hermanos portugueses e Iberoamericanos hicieron lo mismo: tomemos su ejemplo. Un buen ejemplo de lo que citamos es el movimiento cooperativo de Antonio Sérgio en Portugal o el movimiento de Trabajadores Sin Tierra en Brasil.

La crisis social global (sanitaria y económica) de la Covid-19 nos ha dejado claro una cosa: compitiendo entre nosotros/as no vamos a ninguna parte juntos/as

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Frente a la conquista por el poder y la imposición de la violencia (física, psicológica, simbólica etc.) sobre las demás personas de la comunidad la cooperación social, la educación a lo largo de la vida y la corrección fraterna se convierten en herramientas sociales de dignificación rural y de la urbanidad. Tal como afirmaría Karl Popper (1982) “nuestra tarea no es meramente interpretar el mundo sino cambiarlo” poniendo a las personas más vulnerables de la sociedad en el epicentro de la actividad humana.

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El Papa Francisco I defiende la Triple T (tierra, techo y trabajo) para todas las personas, sin tener en cuenta su origen, su identidad o cualquier elemento categórico similar. Cuidar de nosotros/as y de la misma naturaleza requiere una conversión humana y ecológica, que en términos prácticos sería muy simple (aunque colectivamente no sea muy extendido) humanizar empatizando.


Trabajar, cooperar, educar y avanzar

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La “Triple T” fue defendida en 1982 por Tulio Rosembuj cuando nos decía que “alimentar, dar techo, trabajo y educación son tareas actuales para el futuro de la humanidad (…) hay que confiar en las fuerzas junto a los demás, para sobrevivir y crecer. Hay que confiar en la autoorganización del esfuerzo común y de la ayuda mutua. Coherentemente a lo citado y a la experiencia de las clases sociales más humildes de Iberoamérica debemos promocionar el trabajo humano a través de la cooperación social. La cooperativa social humana se constituye por tanto como aquel grupo de personas (pequeño, mediano o grande) que se unen con el compromiso de asociar su actividad económica, cultural, política, social, filosófica etc. sobre las bases de la democracia y la ayuda mutua. Los principios cooperativos serían los siguientes: membresía abierta y voluntaria, control democrático, participación económica de sus miembros, autonomía e independencia, educación (capacitación y formación social a lo largo de toda la vida), cooperación entre cooperativas y la preocupación por el bienestar social y comunitario. Debemos realizar un esfuerzo por distinguir entre economía social capitalista y cooperativismo de verdad (“uberización” versus cooperación).

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“Cada uno hizo lo que pudo y dio lo mejor de sí. Si aprendieron mucho o poco no importa, aprendieron a pensar y a convivir. Eso es lo que vale.” (“Un lugar en el mundo”, 1992)

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Los docentes de Iberoamérica tienen un papel en este proceso de “humanización del capitalismo” o de “reformas sociales urgentes”, la educación debe llegar a todas las clases sociales y a todas las esferas del planeta y de Iberoamérica (desde los niveles más básicos hasta los más superiores). El docente enseñando también está luchando. La solidaridad y la regeneración de las dinámicas capitalistas (económicas, políticas, culturales) perversas -a través del activismo cohesionado- constituyen tres herramientas de “liberación” de las personas que no forman parte de “las líneas generales” de los grandes discursos.

A modo de conclusión: el papel de la educación en la reconversión social cooperativa

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La cooperación hoy más que nunca recobra especial importancia. La cooperación social tendrá futuro (en aras de lograr una sociedad más digna y justa, con una perspectiva preferencial a las personas más vulnerables) solamente si se genera un proceso urgente de reconversión educacional honesta, exigiendo a los gestores públicos cambios en las estructuras así como en las decisiones de calado estructural, económico y político. La educación básica deberá estar coordinada con los niveles superiores y de carácter profesional, generando sinergias entre los ámbitos no formal y como no, informal. La educación debe dar respuesta a las necesidades de las personas, perseguir el máximo logro de las necesidades humanas y lograr la conformación de verdaderos ciudadanos y ciudadanas de pleno derecho. Como decía el maestro Don Gregorio en la película de la “Lengua de las Mariposas” “si alguien, si una sola generación nace libre en España (Iberoamérica) nadie les podrá arrebatar este tesoro”.

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“Al final estamos todos en el mismo bando: Con los que perdieron. Yo no digo "se perdió una batalla, pero no la guerra", yo digo "si la guerra se ha perdido por lo menos me quedo con el lujo de ganar una batalla" (“Un lugar en el mundo”, 1992)

Autores: Raúl Carbajal López y Cipriano Barrio Alonso.

Departamento de Filosofía de la Universidad de Oviedo, Grupo CTS-Oviedo.

Artículo elaborado para Formación IB

http://www.formacionib.org/noticias/?La-cooperacion-y-la-educacion-como-herramientas-sociales-de-dignificacion-rural