D. José Álvarez Lobo, un cura comprometido con los problemas de la gente más humilde

Hoy 12 de julio, a los 84 años, D. José Álvarez Lobo (Pepe el Cura) abandonó este mundo terrenal. Quizás en momentos como estos uno se replantea más que nunca el por qué de nuestra esencia humana. Sin duda alguna, para aquellos/as que quedamos en este “valle de lágrimas”, es hora de realizar una evaluación honesta en relación a su figura pastoral y social.

Pepe fue un luchador incansable, allá donde fuera, predicando mensajes de fraternidad, unión y solidaridad. No era un “cura” al uso: además de su formación social y teológica su experiencia luchadora en Iberoamérica le hace merecedor de ser calificado como un cura obrero y campesino. Cualquier persona que le conociera podría identificar sus cuatro rasgos principales: cercanía, honestidad, compromiso y su acción preferencial por los más humildes de la sociedad.

En sus homilías no solamente se reflexionaba acerca de lo divino: también de las cuestiones de la comunidad, sus problemas y sus miserias. Quizás (como comunidad) no estábamos preparados/as para sus enseñanzas, o quizás estábamos viviendo en un mundo por hacer algo, sin realizar uso de la consciencia y del raciocinio. Cuestionaba el poder, toda forma de poder, que pudiera oprimir a los más pobres de la sociedad. Cuestionaba la jerarquía de la Iglesia y su estructura. Cuestionaba las perversas dinámicas sociales del dinero y de la política hipócrita de nuestros tiempos. Pero realmente estaba cuestionando la esencia del ser humano, capaz de hacer bondades y maldades a los dos segundos: nos hacía pensar, y eso no suele gustar.

Nunca estuvo apegado al dinero y siempre cuidaba de la espiritualidad de sus parroquianos, de los cercanos y los vinculados. Desde las personas más “practicantes” a las menos, todos/as nos considerábamos parte de una comunidad humana: “Dios está en todas las partes” nos recordaba. “Ayuda un pobre y así estarás construyendo el Reino de Dios”.

Pepe era un hombre adelantando a su tiempo: defendía el cuidado de la naturaleza y sus criaturas. Creía que había que cuidar el paisaje y el paisanaje: por todos es conocido su crítica a los purines y su uso descontrolado. Creía que habían llegado los “nuevos tiempos” al mundo rural: desde su activismo (motivado por las Juventudes Agrarias Rurales Católicas) hasta la divulgación social que realizaba con la “fueyina” o a través de su correo electrónico.

¿Quién podía callar sus acciones y sus alegatos en pro de la justicia social? Nadie. El poder nunca fue su amigo, simplemente porque sabía que el poder apoya al poderoso y nunca al que está de rodillas, calladín, oyendo-viendo y callando. (Hace muchos años me lo pude encontrar en la librería San Pablo y al preguntarle si había abandona la enseñanza me dijo “No he abandonado, me han echado”. Todos sabemos el porqué, y no precisamente por adular a las jerarquías…).

Ahora ya no estás con nosotros/as aquí. Sin duda alguna, parte de lo que hoy somos tus feligreses es gracias a ti, aunque nunca llegamos a entender tu lucha social que realmente era la nuestra. Sin duda alguna ahora nos podrás decir si hay un Cielo como “dicen”. Si lo hay cuida y reza por nosotros/as que falta nos hace. Si no es así, no te preocupes, tomaremos tu ejemplo y seguiremos luchando por nuestra dignidad y por la de nuestras familias humildes.

Querido Pepe, gracias por tu ejemplo, por todo lo que nos has ayudado y por tu lucha en favor de los más desfavorecidos/as de la sociedad. ¡Que la tierra te sea leve, compañero!

Esquela

Autor: Raúl Carbajal López

Departamento de Filosofía de la Universidad de Oviedo, Grupo CTS-Oviedo.